miércoles, 2 de mayo de 2007

Soy morocha y qué? por Luciana Arriaga , Publicado en pag 12 (22-11-2005)


¿Dónde están, que no se ven (o no las quieren mostrar)... las verdaderas morochas argentinas? La publicidad las ningunea incluso cuando quieren mostrar “otros” modelos de belleza, en los castings suelen quedar si se busca quien represente una empleada doméstica o una prostituta, en la escuela son objeto de chanzas y si se les quiere decir lindas se les dice exóticas., como si ser rubia fuese lo mas comun! ¿En qué espejo nos miramos?
Betina Robledo (29), empleada de seguridad privada. "Somos más morochas que rubias naturales pero siempre en los trabajos las otras mujeres me preguntan ¿Por qué no te teñis?’ ademas fui muchas veces insultada y tratada de negra de mierda, incluso por mujeres tan o mas morenas que yo pero que estaban teñidas de rubia, es muy absurdo que en este país ser rubia parezca una obligación."
“No me molesta si hay rubias en la tele, por que la mayoria son morochas pero teñidas de rubia”, redunda –con necesidad– Jessica Tartini, una estudiante secundaria, de 18 años, de La Boca. Bah, una morocha argentina.
De esas que abundan en la calle, levantan piropos y miradas masculinas, que se pintan los labios y compran jeans (que nadie parece querer venderles en las publicidades siempre blancuzcas), pero también aguantan chistes despectivos en la escuela porque tienen algunos tonos más oscuros que la supuesta argentina promedio, que vaya uno a saber por qué, siempre es rubia natural.. o si no teñida y aclarada por la accion del Photoshop de los medios.“En la tele les dicen morochas a mujeres como Karina Zampini, que tiene la piel blanquisima, Yo soy morena. Por eso, siempre hice villeras, putas o sirvientas hasta que me libré del estigma, que no es un estigma que me moleste, pero demuestra un prejuicio racista muy arraigado en los argentinos –cuenta la actriz María Fiorentino– no por nada hay una expresión que dice ‘negro de mierda’. A mí, en cambio, me encanta que me digan la Negra Fiorentino, como la Negra (Mercedes) Sosa o la Negra (Olinda) Bozán”.
Esta semana volvió a la pantalla –en la telenovela Sálvame María, Andrea del Boca, mujer de piel transparentemente clara–. Y la redundancia sigue siendo necesaria en un país en el que la vendida antinomia rubias vs. morochas se presenta como una elección alentada por una revista, instando a votar entre las modelos Sofía Zamolo y Karina Jelinek, una rubia y otra morocha, en donde la única diferencia estética, es entre el tono de tintura que usan, no de piel, ya que ambas son de piel morena, aun cuando aproximadamente, segun la universidad de antropologia y estudios etnograficos de Buenos aires, 7 de cada 10 argentinas no son blancas como Fausta Fabris (y no sólo por el abono a la cama solar).No por nada los estandartes de las morochas argentinas son Isabel Sarli, Susana Romero, Carolina Pelleriti, Mariana Arias y otros ejemplos similares. O sea, mujeres blancas de pelo negro. Punto. La televisión, los medios, las pasarelas, las publicidades ignoran a las mujeres argentinas que llevan en su piel la marca de una argentinidad negada, con alguna gota de origen indígena o afro, a flor de piel.Incluso, algunas excepciones son casi curiosas. La modelo Carolina “Pampita” Ardohain –ennoblecida por su casamiento, y concordante separación, con Martín Barrantes, primo de Sarah Ferguson, ahora está directamente rubia (por pedido de una marca de tintura). Sin embargo, por su tono de piel mas oscuro que el promedio fashion y los ojitos achinados –asimilables a la belleza de tierra adentro–, sin que se la pueda embanderar con ninguna bandera de igualdad étnica, fue castigada por sus compañeras de pasarelas rubias.."rubias" (también valga el doble rubia para este caso) con el mote de “ la mucamita”.A la ex ministra de Trabajo, Graciela Camaño –en vez de las muchas críticas políticas que daba lugar a recibir– alguna vez la tildaron de “mono” por sus rasgos indigenas. Mientras que Paola Suárez –hace años la tenista mejor ubicada en el ranking internacional y mucho más ignorada que sus colegas masculinos– también contó cómo tuvo que trabajar con ayuda de psicólogos para autoconvencerse de que una humilde morochita de ragos indios pudiera ganar y ganar.
¿Por qué en la Argentina, a diferencia del primer mundo y, al menos, islotes políticamente correctos del tercero, no hay en los medios de comunicación modelos femeninos (periodistas, conductoras, actrices, líderes, etc.) que representen las diferencias étnicas nacionales y los matices de piel que tienen las mujeres argentinas reales. ¿Por qué, incluso, las pocas propagandas de algunos cosmeticos que se animan a mostrar señoras maduras, narigonas, rellenitas, canosas, imperfectas, no se animan o no se plantean mostrar mujeres morenas como las que abundan en las calles argentinas?
“Uno mira la publicidad y después te ves en el espejo y nunca coincide tu imagen con lo que estás viendo”, desnuda Charo Bogarin, que nació hace 32 años en Clorinda, Formosa, tiene origen indigena guaraní y hoy es la cantante de Tono Lec, una banda que se dedica a difundir la música toba e indigena. "El argentino tiene la mente colonizada y sigue creyendo que somos descendientes de europeos y que lo blanco es lo lindo y lo bueno y lo negro, lo indio es lo malo y lo feo, como una dualidad entre el bien y el mal" relata.
La mitad más uno es oscura (e invisible)
¿Qué es Charo? Una argentina típica que típicamente está excluida de la imagen típica de los medios sobre las argentinas, especialmente la imagen que nos gusta proyectar al mundo, la de un pais de mayoria blanca europea .. Aunque, en realidad, el 65 por ciento de los argentinos desciende –total o parcialmente– de ancestros indígenas y sólo el 35 por ciento de ancestros europeos, según un estudio del Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Universidad de Buenos Aires, en el que se tomaron muestras de ADN de 10 millones personas en las 24 provincias que componen nuestro pais encontrando solo en 2 (Entre rios y Misiones) una presencia de genes europeos que superaba (aunque por muy escaso margen) a los de origen amerindio. “Se exagera el origen europeo argentino”, le dijo Daniel Corach, profesor de Genética y Biología Molecular de la UBA a cargo del estudio, a la periodista Silvina Heguy, de Clarín.
Mientras que, por otra parte, otro estudio del Instituto de Ciencias Antropológicas de la UBA determinó que el 10 por ciento de los habitantes de Buenos Aires tiene algún legado africano, porque conservan huellas digitales afro aunque esto no se note directamente en el color o en el arquetipo negro. “La concepción arraigada de que somos, principalmente, descendientes de europeos no reconoce el gran aporte africano y amerindio”, subrayó el antropólogo Francisco Carnese en la nota “La Argentina negra y oculta”, del periodista Matías Loewy, de Noticias.En este mismo sentido, el arqueólogo Daniel Schávelzon, en el libro Buenos Aires Negra revela que, alrededor de 1810, el 35 por ciento de la población de Buenos Aires (y el 50 por ciento de la de Córdoba y Catamarca, por ejemplo) era africana. En el 2005, esa población no desapareció ni se extinguió en su totalidad. Por sobre todas las cosas, se mezcló, se asimiló.Los estudios actuales demuestran que no es cierto que no haya negros ni que los indígenas sean una minoría, sino que los rasgos más característicos, en muchos casos, quedaron aligerados, diluidos o enmascarados por el fuerte mestizaje nacional. O sea, hoy en día, una persona puede tener antecedentes afro –que se pueden detectar en estudios de ADN que rastrean las huellas genéticas– aunque su piel no se vea completamente negra. Pero sí, por ejemplo, el pelo enrulado, los labios anchos o unos tonos apenas más oscuros que la claridad de los que vinieron de europa.Lo llamativo es que aun cuando la ciencia haya podido determinar que en el mapa genético argentino hay –por lo menos– un 65 por ciento de descendientes aborígenes, o sea que, alrededor de 7 de cada 10 argentinos no son blancos, casi no hay imágenes televisivas ni publicitarias que representen a las mujeres que suman esa mitad más uno de morochas de cuerpo entero. Y, más llamativo aún, es que el mito de que somos europeos sea tan poderoso que la deuda con los y las cabecitas negras ni siquiera se asume como una deuda.“Desde la Generación del ’80, en el siglo XIX, se construye un modelo de país blanco y europeo, que no tiene nada que ver con la población real, pero que igualmente se impone en el imaginario popular y todo lo que es negro u oscuro queda como lo bajo, sucio o promiscuo. Por lo tanto, lo morocho no vende ni es lindo y la blancura europea es linda y debe mostrarse”, señala Miriam Victoria Gomes, profesora de Literatura Latinoamericana y Africana en la UBA y descendiente de africanos de Cabo Verde.
Miriam nació hace 43 años en Dock Sud y ahora vive, cerquita, en Avellaneda, pero todavía tiene que explicar que sí, que ella es negra y argentina. “A mí me preguntan si soy extranjera como si acá no pudiera haber gente oscura cuando la mayoría de la gente es oscura. Es una esquizofrenia terrible. El problema es que éste es un país mestizo en el que sólo parece existir la minoría más blanca, más rubiona o peor más teñida. Y, por una cuestión de justicia con el pueblo que uno se encuentra cuando sale a la calle, tendría que haber modelos reales de mujeres bajitas con caderas anchas, ojos expresivos y piel mate u oscura”.
Moira Millán tiene 34 años y es integrante de la comunidad mapuche de Corcobado, Chubut. Ella pretende más representatividad para los pueblos originarios, pero se opone a la idea de que una modelo pueda contribuir a exponer una mayor igualdad. “¿Queremos ser parte de la cosificación de las mujeres? No –responde–. Nuestro modo de vida no tiene que ver con los estereotipos de belleza y todo lo que pase por la sociedad de consumo se va a banalizar y convertir en mercancía. No me interesa que haya una ‘Pocahontas’ argentina porque va a ser lo mismo. En cambio, sí preferiría que se vean más periodistas y actrices, como Luisa Calcumil, que no se queda en su trabajo como actriz, sino que tiene un compromiso con los pueblos originarios”.
Charo propone: “ las argentinas tendríamos que explotar más nuestros cabellos azabache y nuestras pieles marrones y curtidas, del color del suelo y de la tierra, sin necesitar que venga una marca de ropa europea a buscar modelos étnicos y mostrarlos como a bichos raros en Paris”. Y enfatiza: “Ser morocha está bueno: la piel aceitunada llama la atención, no nos arrugamos tan facilmente y tomamos color enseguida con el sol. Yo estoy en el punto en el que amo ser morena”.

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